lunes, 7 de abril de 2014

Alergias vs. Intolerancias alimentarias

Creo que no hay nada más triste que ver la angustia en la cara de unos padres frente al llanto incesante de su hijo, a causa de un fuerte dolor abdominal, un cuadro de diarrea o ambas. La decepción de una madre ante la orden del médico de adelantar el destete, el calvario de tener que probar todas las formulas infantiles hasta dar con la mas “adecuada” son situaciones cada vez más frecuentes en nuestros días.

Lamentablemente la falta de información y la necesidad de una “solución” rápida que calme el sufrimiento de los niños –y de los desesperados padres- impiden el diagnostico adecuado a cada caso. Es así como muchos casos de Intolerancias alimentarias quedan subdiagnosticadas, confundidas con Alergias y como consecuencia, la administración de una dieta adecuada queda fuera de toda consideración.

Una alergia alimentaria es una respuesta exagerada del sistema inmunológico, mediada por anticuerpos tipo IgE, por el consumo de un alimento en particular.

Al nacer y hasta aproximadamente los 3 años de edad, nuestro organismo posee un débil sistema inmunológico que es puesto a prueba con cada nuevo alimento al que somos expuestos. Después de esa edad, y si las reacciones ante la exposición a los alimentos sigue siendo adversa, es posible que estemos frente a una Alergia Alimentaria.

De acuerdo a la World Allergy Organization (2003) toda aquella reacción no tóxica y producida por la ingesta de alimentos, mediada por IgE puede ser categorizada como un Alergia Alimentaria.

Los síntomas asociados a las alergias alimentarias van desde un ligero malestar hasta reacciones potencialmente mortales, que requieren atención médica inmediata y suelen producirse a pocos minutos después de ingerir el alimento. 

La gravedad e intensidad de los síntomas dependerán estrictamente de la cantidad del alérgeno ingerido y la sensibilidad de la persona a tal componente.
Los síntomas pueden ser tan diversos como alérgenos pueden existir. El más común es la aparición de erupciones en la piel, enrojecimiento y en algunos casos pequeños edemas. De igual forma, son clásicos los efectos gastrointestinales como dolor, nauseas, vómitos, y diarrea. Para algunas personas, los síntomas pueden respiratorios, presentando cuadros de asma, ardor e inflamación de la garganta. Para otros la manifestación puede ser ocular, con enrojecimiento y picazón  y en casos severos los síntomas pueden ser cardiovasculares como dolor en el pecho, arritmias cardiacas y tensión baja por lo que es posible que algunos puedan perder la conciencia.

La Organización Mundial de la Salud estima que existen unos 70 alimentos causantes de alergias alimentarias. Entre los más relevantes se encuentran: Huevos, lácteos, cítricos, frutos del mar y frutos secos. Los primeros son mas frecuentes entre los niños pequeños y suelen desaparecer –en la mayoría de los casos- a medida que pasa el tiempo. La alergia a los frutos del mar suele desarrollarse a edad adulta y éste fenómeno es lo que hace realmente complejo el tratamiento de esta condición.

La intolerancia alimentaria es aquella respuesta anómala del organismo frente a cualquier alimento o aditivo alimentario, en la que no participa el sistema inmunológico.

También conocida como Hipersensibilidad Alimentaria no alérgica, es la incapacidad de nuestro sistema digestivo de procesar algunos alimentos y se debe a la formación de anticuerpos del tipo IgA e IgG, pero no del tipo IgE (Alergia Alimentaria).

Etiológicamente, presenta una frecuencia entre 5 y 10 veces superior a la alergia. En este caso, no existe periodo de latencia, de forma que tras la exposición, se produce una reacción microtoxicidad de carácter individual cuyas dianas son los linfocitos, granulocitos y plaquetas de la sangre.

La sintomatología asociada es de carácter más leve aunque de duración crónica, y agrupa las siguientes manifestaciones: trastornos gastrointestinales, como dolor y distensión abdominal, vómitos y diarrea, alteraciones respiratorias, dermatitis y eczemas, migraña, fatiga crónica y alteraciones reumáticas, así como el fracaso de la dieta hipocalórica en el tratamiento del sobrepeso.

Las causas de esta condición pueden ser diversas y ésta es una de las razones por las que resulta complicado emitir un diagnostico preciso ante los primeros síntomas.

Algunas personas nacen con esta condición, debido a la ausencia o limitada presencia de algunas enzimas involucradas en el metabolismo de los alimentos, entre estas condiciones encontramos:
·       Intolerancia al Gluten (celíaca y no celíaca)
·       Intolerancia a la Lactosa

Otras condiciones genéticas asociadas a la intolerancia a los alimentos son el grupo de  Errores innatos del Metabolismo y pueden ser fácilmente detectados con la prueba de punción del talón o el Screening Neonatal en bebés de no más de 7 días de nacido. Algunas de estas condiciones son:
·       Fenilcetonurea
·       Intolerancia a la Fructosa
·       Galactosemia
·       Defectos de oxidación de las grasas (MCAD)

En algunas ocasiones, aun cuando no se nazca con la condición se pueden experimentar cuadros de intolerancia alimentaria siendo adultos. La intolerancia a la lactosa, por ejemplo, se pueden presentar a cualquier edad, por lo que resulta de vital importancia mantener una alimentación sana y balanceada, especialmente si hay predisposición genética.

El valor del diagnóstico
Es inquietante el número de personas que se auto diagnostican basados en la información que les proporcionan las amistades, familiares o incluso las redes sociales. Lamentablemente, es un hecho que muchos han experimentado dificultades para llegar a un diagnóstico acertado y esa fue la motivación de este espacio.

No obstante, es clave conocer la patología que le aqueja para manejar el tratamiento (si lo amerita) pues eliminar el o los ingredientes de la dieta en forma permanente puede tener riesgos colaterales que no veremos sino a largo plazo. La idea es levantar sospecha y ayudar con el diagnóstico... Nuestro sistema gastrointestinal se mantiene sano cuando está en equilibrio.

Un celiaco mal diagnosticado puede estar "matando" su intestino delgado si no cumple la dieta al 100% y no hay fármacos que detengan este proceso y al ser una condición autoimmune, se pueden manifestar otras enfermedades asociadas. Un paciente sensible al gluten no celiaco no tiene ese riesgo pues su condición no es autoinmune.

Cuando nos referimos a los lácteos, es preciso conocer si el problema es con la caseína o con lactosa, pues la primera no sólo se consigue en los derivados lácteos; los caseinatos se consiguen como espesantes en muchos productos industrializados y gran parte de ellos no se declaran en la etiqueta. Por eso muchos no logran mejorar jamás, pensando que su problema era sólo con los lácteos.


Mi invitación es acudir al especialista e insistir hasta obtener un diagnóstico que le permita mantener su calidad de vida.
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