¿Es el yogurt tan saludable como lo pintan?

El yogurt ha sido comercializado por muchos años como un alimentos saludable, sin embargo, buena parte de los que hoy consigues en el supermercado contienen azúcares añadidos, saborizantes artificiales y hasta aditivos para extender su vida útil, lo que le alejan de su concepto inicial y lo convierten en prácticamente comida "chatarra".

Con esta premisa, he decidido preparar este post que le permitirá saber lo que debe y no debe tener ese yogurt que tanto le gusta para que realmente sea saludable y no una “chuchería” más.



Sus beneficios a la salud son conocidos desde tiempos ancestrales, pero desde aquellos primeros ensayos hechos por los Turcos y los pueblos nómadas que sin saberlo desarrollaron una de las primeras comidas funcionales, la búsqueda de nuevos adeptos al gusto del yogurt le ha incorporado algunos ingredientes que alteran sus propiedades.

Lo primero que debe hacer es leer la etiqueta, y esto recomiendo que lo haga no sólo con el yogurt sino también con todos los productos que consigue en el supermercado, pues si bien es cierto todo lo que consiga allí será comestible, no todo es tan sano como lo pintan!

El yogurt es en esencia el producto de la fermentación controlada de la leche de vaca y de otros animales por efecto de la multiplicación de bacterial ácido lácticas que consumen la lactosa y la transforman el ácido láctico, bajando el pH y promoviendo la coagulación de la proteína.

En general, todas las versiones que usted consigue en la nevera del supermercado parten de este producto que definí previamente, sólo que para bridar “variedad” se le añaden algunos ingredientes que cambian su textura, su sabor y sus beneficios.

En la medida de lo posible, mientras menos ingredientes tenga la etiqueta mejor! Lo esencial es que contenga, leche (puede ser o no descremada) y las bacterias o cultivos que fermentan. 

Si hay otros ingredientes sepa usted que esos no son absolutamente necesarios para producir yogurt, así que debemos evaluar para qué están allí.

De acuerdo a las normas de etiquetado, los ingredientes deben colocarse de mayor a menor, es decir que los que aparecen de primeros en la lista, son los que se encuentran en mayor cantidad en el producto final. En este sentido verifique que no contenga azúcar añadido, pues esto finalmente desvirtúa completamente la esencia de lo saludable de este alimento. Tome en cuenta que los azúcarespueden tener otros nombres en el etiquetado, así que tenga eso en cuenta.

Los cultivos o bacterias que fermentan, también se etiquetan como “probióticos” y estos deben estar “vivos” en el producto final para poder disfrutar de sus beneficios. Ellos son los responsables de consumir la lactosa de la leche y convertirla en ácido láctico, confiriéndole ese sabor ácido tan característico. 

Estos cultivos probióticos son conocidos por su beneficios a la salud especialmente en el fortalecimiento del sistema inmunológico, mejora los síntomas del síndrome de intestino irritable, reduce los síntomas gastrointestinales asociados al consumo de antibióticos (diarreas y vómitos), contribuye a mejorar/regular el tránsito intestinal y para algunas personas con intolerancia a la lactosa, son una alternativa para el consumo de calcio (esto debe consultarlo con su médico tratante).

Tenga en cuenta que si el producto es pasteurizado, los cultivos probióticos no están vivos, por lo que sus beneficios ya no están presentes en el producto final.

Otro aspecto importante, especialmente cuando se trata de los más pequeños de la casa, es el tamaño de la porción. No porque el envase sea de “una porción” significa que un niño deba comérselo completo. Tenga en cuenta que al ser un producto lácteo hay un contenido de proteínas y grasas importante en cada porción servida y los requerimientos de ambos nutrientes dependen de la edad del niño.

La grasa que aporta el yogurt proviene de la leche con la que fue preparado, así si la materia prima es leche descremada, usted tendrá un producto con menos grasas, sin embargo, la mayoría de los yogures bajos en grasa contienen más azúcar para compensar el sabor (recuerde que la grasa es el vehículo del sabor y en su ausencia, algo debe aportarle más gusto). Es posible que encuentre yogures elaborados con leche completa de vaca e incluso de búfala, por lo que cada porción tendrá más calorías, así que deberá administrarlas con criterio.

Si debe elegir, escoja un yogurt “plain” (sin azúcares añadidos) elaborado con leche descremada (si está cuidando las calorías) o leche completa si puede darse el gusto.

Otra opción que genera inquietud es la elección entre yogurt griego o la versión regular. En este caso, la única diferencia es que el griego (en especial el elaborado a la manera artesanal) es filtrado por lo que contiene menos suero, menos lactosa y casi el doble de proteínas por porción. Esto lo hace en un producto con más calorías provenientes de la grasa y con menos calorías que el yogurt tradicional. 

Debe estar siempre atento a que su elección sea sin azúcares añadidos.


Una opción que poco a poco va ganando su espacio en el anaquel de los supermercados son los yogures elaborados con “leches vegetales” ideales para personas veganas o con alergia a la proteína de la leche. Estas opciones contienen muy poco calcio y vitamina D, por lo que debes revisar que sea fortificado.

A tí, ¿cómo te gusta el yogurt? déjame tus comentarios y sigamos conversando!


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