El momento de cambiar, es ahora

Es probable que los hábitos relacionados con la salud, la alimentación y la actividad física que desarrollamos en nuestra infancia, influya en nuestro comportamiento a lo largo de nuestra vida y tenga un efecto revelador con la próxima generación, es un ciclo que se repite en la familia y que muchas veces incluye comportamientos que poco contribuyen al bienestar. Descubrirnos como influenciadores de hábitos y conductas de los más pequeños de la casa es una gran responsabilidad y tiene efectos duraderos para toda su vida.


Vivimos en espacios confinados donde la actividad física es cada vez menos apreciada y en su lugar se promueve el sedentarismo: múltiples actividades académicas, asignaciones para el hogar que requieren horas frente al computador y juegos que poco invitan al movimiento.

Por otra parte, tenemos a nuestra disposición una gran cantidad de alimentos que en pequeñas porciones, aportan una cantidad desbordad de energía, que lamentablemente termina en nuestros cuerpos como reserva porque nos movemos muy poco, así que no la necesitamos o sólo usamos una fracción de esta. Tenemos incluso alimentos que no existían hace 15 años atrás y que muchas veces parecen facilitar la labor de alimentarnos, pero que en el fondo, hacen más difícil la tarea de aprovechar los nutrientes porque nuestro organismo no está listo para metabolizarlos.

En contraste, los alimentos que podemos considerar “saludables” han sido relegados a un espacio poco apreciado en nuestro menú diario. Se consumen frutas y vegetales porque hay que hacerlo, pero no por que realmente nos permitamos disfrutar el placer de comerlos. Por nuestras múltiples ocupaciones, damos prioridad a lo que está pre-elaborado y olvidamos las recetas con ingredientes sencillos y más fáciles de metabolizar por nuestro cuerpo.

Asimismo, nuestros espacios de convivencia promueven la cultura del "multitarea” (multitasking) así que actividades en las que se requiere la atención plena como comer y hacer ejercicios quedan relegadas a un segundo plano. 

Vivimos en ambientes obesogénicos y este ciclo se está repitiendo y generando enfermedades crónicas a cada vez más temprana edad, con lo cual la expectativa de vida es cada vez más reducida y la calidad de vida es cada vez menos placentera como consecuencia de los efectos secundarios de condiciones como la diabetes y la hipertensión infantil.

¿Qué podemos hacer para salir del ciclo? Lo primero es darnos cuenta que estamos allí, que nuestras acciones y hábitos, aún cuando los hacemos desde que estábamos chicos, nos están conduciendo por camino nada alentador.

Seguidamente, tomar la decisión de hacerlo diferente, convencid@ que es lo mejor que puedes hacer. Si no estás convencid@, los cambios serán agotadores y poco reproducibles en el tiempo. Ten en cuenta que el año escolar es de aproximadamente 200 días así que se requiere voluntad para hacerlo sostenible. 


Este camino será inédito, así que tendrás pocas referencias cercanas y muy posiblemente encuentres detractores que sabotearán constantemente tus iniciativas. Todos sabemos que necesitamos hacer ajustes a nuestro estilo de alimentación, sin embargo no todos tienen la voluntad y te invitarán a hacerlo “como siempre”.

Te invito a convertirte en agente de cambio, para ti y no para otros. En este camino he aprendido que la mejor manera de influir en otros en con mi propio actuar, en silencio, con acciones y resultados que muestran lo bien que se puede estar con los ajustes apropiados. sin juicios, sin fanatismos, con la gentileza que amerita un proceso de vida y no para unos días.

Este año, trabaja por mejorar la cantina escolar, por promover más espacios para comer mas frutas y menos frituras, por apoyar a la elaboración de loncheras más amigables con la salud de tus peques y con el medio ambiente, evitando el desperdicio y promoviendo el consumo responsable. Te invito a promover días para que los niños aprendan a preparar sus propios alimentos en lugar de encontrarlos en una caja y te propongo vincular a la empresa donde trabajas en estas acciones para que muchas más personas puedan sumarse a hacer que las cosas buenas sucedan. 

Necesitamos niños saludables, empoderados con información que les permita tomar mejores decisiones, garantes del manejo de sus emociones y del reconocimiento del otro, niños que asumen sus responsabilidades y entienden su rol en la construcción de su propio destino.


Hagamos que este nuevo año escolar nos permita practicar la amabilidad y la resiliencia, la compasión y la empatía con el otro… con el que tiene más y con el que tiene un poco menos de recursos. Hagamos que nuestros pequeños sean nuestro mejor legado! 

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