Cocinar con poco


Cuando me propuse ahondar en este tema, supe que despertaría algunos gigantes dormidos. Hablar de alimentación saludable con un presupuesto limitado, parece una utopía en especial cuando la mayoría de nosotros ha crecido con la convicción de que comer sano es costoso.

Asimismo, el entorno actual nos produce una especie de angustia colectiva en la que gastamos gran parte de nuestro presupuesto en alimentos que posiblemente no necesitamos, o no debemos consumir, pero que al estar escasos se convierten en la “joya de la corona”.

Lo cierto es, que en un momento como en el que nos encontramos actualmente, toda idea que nos permita optimizar el presupuesto, sin sacrificar nuestra salud, es bien recibido, por lo que dedicaré algunas publicaciones a encontrar una solución que se ajuste lo mejor posible a su situación.

Una de los primeros hallazgos, se refiere a la reducción de las opciones del menú del venezolano promedio. Según explica Don Armando Scanonne, el venezolano maneja cerca de 18 opciones y si hacemos un cálculo sencillo, en 365 días, repetimos el mismo plato unas 20 veces en el año. No es una sorpresa entonces que nuestro hijos repitan la célebre expresión “¿otra vez?”

Por otra parte, el acelerado estilo de vida de alguna manera ha mermado las posibilidades de comer a la manera tradicional: En la mesa, en familia, con la comida recién hecha…en otras palabras…con calma! Y para los que tienen que madrugar para llegar a su lugar de trabajo, la limitación es aún mayor, pues la mayoría nisiquiera tiene oportunidad de compartir la cena, así que los momentos para compartir “con los pies bajo la mesa” son cada vez más limitados.

Aún con este panorama, la comida es necesaria para sobrevivir, por lo que debemos esforzarnos para optimizar el presupuesto sin reducir la calidad de lo que consumimos. Existe una forma de alimentarnos sanamente que de manera adicional al ahorro que implica en nuestro presupuesto, nos hará sentir mejor tanto física como psicológicamente.

En primer lugar, es imprescindible que organices tus ingresos para que puedas estimar el gasto en alimentación. Como generalmente no aprendemos con las experiencias de otros, te invito a realizar el siguiente ejercicio: Durante un mes, coloca en una caja todas las facturas generadas por tu grupo familiar en gastos de alimentación. Recuerda incluir allí, el cafecito de la tarde, las cotufas del cine, las meriendas en la cantina del colegio y todo aquello que representa algún tipo de comida. Al finalizar, calcula cuánto fue el gasto y compáralo con los ingresos familiares… si quieres compartirlo, escríbeme a micocinasegura@gmail.com y así tenderemos una estimación más actualizada.

En casa, mi recomendación es ampliar las opciones del menú y aprender a incorporar sustitutos. Sé que muchos invierten en la compra de vegetales y frutas, porque saben que son buenos para la familia, pero luego terminan en la basura pues no supieron cómo prepararlos para incorporar a su menú. Pasado un tiempo, simplemente dejan de comprarlos, pues ¿quién en su sano juicio quiere comprar comida para luego tener que botarla?

Si planificas lo que vas a comer y compras lo necesario entonces estarás ahorrando una importante suma de dinero, pues muchas veces compramos más de lo que se necesita, dejándonos cortos para llegar a la siguiente quincena.

En Venezuela una gran parte de los alimentos que conforman la Canasta Alimentaria Normativa están bajo regulación de precio y ésto posiblemente dificulte su adquisición, pues sabemos que la cadena de precio es, en la mayoría de los casos insostenible. No obstante, se consiguen y si no es así, encuéntrale un sustituto.

Si no es arroz, puedes sustituir con otros cereales como pasta. Si gustas, te invito a incorporar tubérculos, que siguen siendo una excelente fuente de almidón. Prepara yuca en el horno y acompáñalo con un mojito de ají dulce, unos palitos de batata, un puré de papas y hasta unos cuadritos de ocumo horneados.

El calabacín es muy noble y lo puedes preparar de muchas maneras, aumentando tus opciones para acompañar a la proteína que hayas decidido consumir. Prepáralos en forma de crema, como canoas rellenas y hasta en forma de fideos con una rica salsa. Las zanahorias también son muy fáciles de incorporar y no tienen que ser sancochadas (que para mi resultan ser muy aburridas y poco nutritivas). Berenjenas y chayotas también pueden ser una alternativa como acompañante. Si buscas algo crujiente, unos palitos de céleri son ideales y rinden un montón. Un brócoli pequeño puede ser una idea innovadora en la próxima lonchera, prueba simplemente horneándolos con un poquito de sal y te sorprenderás!

Cuando se trata de proteínas, la mayoría piensa en carne de res y pollo. Sin embargo, existen alternativas, que te permitirán alternar diariamente. Acércate a la pescadería más cercana y consulta los precios, pídele al vendedor que te oriente e incorpora algún pescado a tu rutina. Cuando pienses que es caro, recuerda la última vez que comiste en algún establecimiento de comida rápida y compara precios….te sorprenderás!

Los granos son también una excelente fuente de proteínas, que combinadas con cereales cubren el requerimiento de aminoácidos esenciales. En sopas, “refritos”, en ensaladas y en un sin fin de formas utiliza tu ingenio e incorpóralos al menos una vez por semana. Y si eres de los que sufre de gases luego de consumirlos, prueba cambiando el agua de cocción y licuando una parte, así facilitas su digestibilidad. Sólo un pequeño porcentaje tiene realmente dificultades para digerir los granos, así que dale una oportunidad, tu cuerpo lo agradecerá.

En nuestras próximas publicaciones estaré compartiendo más ideas, para que cocinar con poco sea saludable y delicioso, hasta la próxima!

No hay comentarios

Publicar un comentario

Tu participación nos permite mejorar los contenidos que publicamos, gracias por compartir tus comentarios con nosotros.